jueves, 23 de septiembre de 2010

HISTORIAS HUMANAS (ó Una Cátedra En Personajes Entrañables)

En la creación de historias cinematográficas, muchas veces se malinterpretan las palabras "héroe" o "protagonista." Se cree que éstas tienen que ver con "el buen tipo" o "la chica noble e inocente." Se cree, en fin, que éstos conceptos están única y exclusivamente relacionados con atributos positivos. Hay algunos, los que suelen pasar a otra liga de realizadores, que confrontan esta noción retrógrada, aburrida, y plana. Martin Scorsese con Raging Bull, Oliver Stone con Wall Street, Truffaut con 400 Golpes, Kubrick con A Clockwork Orange, por mencionar algunos ejemplos, nos han dado grandes cátedras de personajes matizados, humanos y entrañables.

Noah Baumbach (The Squid and The Whale, Greenberg) como guionista y realizador nos demuestra que el héroe está mucho más relacionado con el entendimiento que pueda tener la audiencia del personaje que se muestra en pantalla. Una persona con matices, con sus lados brillantes y sus lados sombríos, siempre nos será más interesante porque actúa como reflejo de nosotros y nuestros similares. Así, Baumbach nos receta filmes con personajes que, por un lado, dividirán audiencias; por otro, serán muy inaccesibles en algún nivel.

En The Squid and The Whale, el director nos relata las andanzas de una familia extremadamente culta y extremadamente fallida. Están en crisis, en medio de un divorcio. Todos buscan respuestas donde no las hay o, a lo más, donde encontrarán más preguntas. Existe en cada uno de los personajes un narcisismo basado en ficción, en el pasado, en un ideal, o en una terrible adolescencia. Todos los elementos que conforman esta familia, en algún nivel son personajes falli
dos. Pero sus fallas los hieren, aunque a veces las confundan con fortalezas.

Y es el dolor interior por el que pasan lo que hace activos a cada uno de los personajes: están en constante movimiento, luchando, buscando, fallando de nuevo. El padre es un romántico Profesor de literatura estancado en sus tiempos de gloria como novelista. La madre es una escritora comercial sin respeto para su marido tanto en lo profesional como en lo personal. El hijo mayor es un snob que se la pasa alardeando de una cultura inexistente y plagiando canciones de Pink Floyd. Por último, el hijo menor parece ser el más abierto a las bondades de un mundo en el que hay cosas más allá de una reputación, o de una culturización enfermiza: existe el vivir el presente.
Y él como buen adolescente, vaya que lo vive. Y así la familia es un testimonio de que una piedra en el camino no es un fracaso, sino una oportunidad de revalorar y reconceptualizar la realidad.


En Greenberg, Baumbach nos presenta a Roger Greenberg, sorpresivamente interpretado con gran finura por Ben Stiller. Roger Greenberg es un obsesivo compulsivo que tiene muchas fallas emocionales
y psicológicas, pero una que es mucho mayor y que lo ata a una tragedia
irremediable: un duro y agudo odio. Odia todo. Odia su vida, se odia, odia a los exitosos, a su familia, a la asistente personal, odia a los veinteañeros, odia myspace. Odia al mundo.

Y en ese odio, hace que la audiencia lo odie también. Es una persona que no te cae bien. Es uno de esos entes que cada que te lo encuentras en algún sitio, sin importar que tan perfecto haya sido tu día hasta ese punto, todo se viene abajo. Hay personas que te alegran el día. Greenberg te lo deshace. Pero no deja de ser un personaje excelentemente delineado: intenta hacer las cosas bien, le preocupa hasta la obsesión el no dañar a la gente, ama al perro de su hermano. Sus intenciones son buenas, pero irremediablemente termina echando todo a perder.

Ambas películas nos llevan por unos laberínticos recorridos de los personajes. A algunos se les hará más accesible la familia de The Squid and The Whale, a otros los enamorará el amargado de Greenberg, pero a todos nos interesará, desde la primera toma, saber a dónde vamos. Las películas te atrapan, y nunca flaquean en ritmo o en tono. Y en ambas tenemos los momentos tan clásicamente dulces en los que los personajes se enfrentan a su demonio frente a frente, se reconocen enteramente, y dan un paso en otra dirección. Los momentos Hamlet son manejados por Noah Baumbach con la delicadeza de un maestro. No hay una escena de más.

El gran acierto de Baumbach es poder enseñarnos desde los primeros planos, a estas personas con grandes debilidades, y también sus ganas de salir adelante. Basta con hacer la trampa de ver la primer escena de cada personaje, y compararla con la última escena de cada uno, y será evidente que el viaje los ha cambiado. Quizás se equivoquen durante el mismo. Quizás los odiemos por gran parte de la película.

Pero nunca nos son indiferentes, y no podemos evitar el encariñarnos y preocuparnos por estos personajes que son, como diría Nietzsche: humanos, demasiado humanos.

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2 comentarios:

  1. Me gustó Greenberg.
    Extrañamente me gustó Stiller en su interpretación y la chica definitivamente me enamoró con todas sus fallas, todas ellas reconocibles en nosotros.

    Y me gustó tu entrada =P.

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  2. Hola que tal¡

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